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El precio del “éxito” 15 enero, 2008

Posted by J. G. R. in 3. Opinión.
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La eritropoyetina (EPO) es una hormona que facilita el aumento de eritrocitos en sangre, consiguiendo con ello que los músculos dispongan de más oxígeno para el mantenimiento de la intensidad en los esfuerzos durante mayor período de tiempo, logrando así el retraso de la aparición de la fatiga. Esta hormona, que se produce de un modo natural en el riñón, y su producción normal se ve afectada de manera positiva cuando se reduce la presión de oxígeno en los tejidos, por lo que la producción de EPO de nuestro organismo se incrementa cuando aparecen menos glóbulos rojos en sangre, o cuando el aire respirado contiene poca densidad de oxígeno. Por tanto, la mejor forma de conseguir una elevada producción de EPO en un organismo sería el trasladarse a un lugar elevado sobre el nivel del mar. Esta práctica es utilizada por numerosos deportistas que deciden preparar sus competiciones en lugares elevados, bajo la esperanza de incrementar su volumen de EPO de manera natural.

Sin embargo, la eritropoyetina está de triste actualidad por la utilización que de ella se está haciendo de manera fraudulenta mediante la ingesta artificial, para retrasar la fatiga y lograr mantener los esfuerzos en el tiempo. A pesar de los efectos positivos, y del atraso de la fatiga en el organismo, el consumo artificial de EPO tiene unos efectos secundarios muy nocivos para el individuo. Al ingerir EPO se consigue elevar la concentración de glóbulos rojos en sangre, pudiendo pasar de un 40 a un 70%. Con ello se aumenta la densidad de la sangre de manera considerable, y entonces, el corazón debe aumentar sus esfuerzos para ser capaz de bombear una sangre mucho más densa de lo que acostumbra. Este sobreesfuerzo que realiza el corazón puede desembocar, como ya ha ocurrido en diversas ocasiones, en problemas del sistema cardiovascular, pudiendo llegar a provocar la muerte.

Ante esta situación se plantea la misma duda de siempre: ¿por qué esa ansia por ser el mejor? ¿Merece la pena llegar a la muerte por ganar una carrera? La respuesta es que probablemente sí. Probablemente el principal problema radica en el hecho de que reflejamos nuestros propios deseos en ese deportista que consigue hacer lo que nosotros nunca pudimos: escalar la montaña más alta, llegar el primero a la meta, nadar más rápido, conseguir el récord del mundo, el clamor del público coreando tu nombre. La fama y la gloria que otorgamos a esa persona que lo consigue es tan grande, y las metas que les ponemos son tan elevadas, y en muchas ocasiones por encima de lo realmente humano, que llega a merecer la pena poner en riesgo la vida por conseguir el beneplácito del mundo entero. Casi con toda seguridad, la solución no sea concienciar al deportista, sino concienciar al espectador, de que sólo es un juego; y no se es mejor persona, quien corre más rápido, sino quien no pone su vida en riesgo en el intento.

Elisa González Andreo

Estudiante de Biología, Universidad de Córdoba

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